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ABC21 – Fundació Catalana Síndrome de Down

Las primeras rutinas de la crianza. Generalidades y básicos

Las rutinas de alimentación, sueño e higiene cumplen la función del crecimiento y bienestar físico

Tu vida diaria como persona adulta supone un continuo de actividades previsibles en la mayoría de las ocasiones, e imprevisibles en un porcentaje inferior.

La previsibilidad de las actividades que se tienen que realizar a lo largo del día confiere seguridad y control. La imprevisibilidad confiere sorpresa, excitabilidad y sentimiento de aventura, pero también inseguridad y falta de control.

Durante los primeros años de vida, todos los niños necesitan construir un sentimiento de seguridad interno en el que tienes un papel decisivo. Puedes contribuir en la construcción de este sentimiento de seguridad de diferentes maneras. Una de ellas sería a través de una organización cotidiana previsible, con actividades que se repiten de manera más o menos similar todos los días.

Existen las rutinas diarias referidas a la satisfacción de las necesidades fisiológicas básicas del bebé, que cumplen la función del crecimiento y el bienestar físico.  Son las rutinas

  • de alimentación,
  • sueño e
  • higiene

Estas rutinas siguen los ciclos fisiológicos necesarios para el cumplimiento de unos equilibrios físicos determinados: número de horas que tiene que dormir un bebé durante los primeros años, frecuencia de la lactancia y la alimentación durante los primeros años.

El establecimiento y el cumplimiento de estas rutinas durante los primeros seis años de vida del pequeño son importantes porque confieren satisfacción de las necesidades básicas, porque confieren previsibilidad y porque facilitan el establecimiento de un bienestar que también es emocional. Por poner un ejemplo, cuando, durante la primera infancia, un bebé no ha dormido lo suficiente en correspondencia con su edad o tiene hambre, está más irritable, más quejoso, más lloroso y su tolerancia a la frustración disminuye significativamente.

Estas rutinas juegan un papel fundamental en la crianza y son tratadas con más detalle en otras entradas.

El cumplimento de estas rutinas ofrece al niño un sentimiento de confianza de que sus necesidades elementales están y estarán cubiertas.

Existen otras posibles actividades diarias que no cumplen la función de satisfacer las necesidades fisiológicas básicas, pero que cumplen, sobretodo, una función emocional y psicológica

Un devenir del día a día y,  si es posible con los mismos cuidadores, sería:

  • Unos ratos para el mantenimiento de un contacto interactivo para garantizar el desarrollo de las estrategias interactivas básicas.
  • El cambio de cuidadores.
  • Un rato para jugar.
  • Un paseo.
  • La llegada a casa de una persona querida a una misma hora aproximadamente (el padre, la madre, la hermana, etc.).
  • Ir a recoger al hermano/a a la escuela.
  • Ir al parque.
  • Ir a la tienda a comprar.
  • Un rato para escuchar música.
  • Un rato para el cuento, etc.

Actividades más o menos organizadas, que suceden aproximadamente en el mismo momento del día y de la misma forma, y llevadas a cabo, más o menos, por las mismas personas, se convierten en rutinas que organizan y confieren esa previsibilidad y seguridad a la vida del niño. Conocer de modo aproximado cuál es el devenir del día permite anticipar qué pasará y da la sensación de confort y seguridad al bebé. Tú sabes qué pasará después, ¡pero él no!

Más adelante, cuando el niño inicia la etapa de la oposición, unas rutinas bien fijadas facilitarán el establecimiento de unos límites claros que reducirán los conflictos.


Transición de una actividad a otra: dependiendo de cada niño, el cambio de una actividad a otra puede comportar alguna dificultad o resistencia durante los primeros años.

Por ejemplo, un niño de 18 meses puede resistirse a dejar de jugar para ir a bañarse, o puede resistirse a salir de la bañera para ir a cenar, etc.

Haber establecido unas rutinas diarias claras ayuda a que esto no resulte tan conflictivo ya que el niño tiene muy claro lo que pasará después.

Estos cambios de actividad implican dejar de hacer algo, habitualmente satisfactorio, para ir a realizar otra cosa, que puede ser igual, más o menos satisfactoria, pero que de momento, el niño no está experimentando. El bebé vive el presente de manera muy intensa, y para renunciar a un presente satisfactorio tenemos que ayudarle. Poco a poco lo hará asumiendo.

Podemos ayudarle con acciones concretas de transición o anticipación:

  • Avisando del cambio de actividad un rato antes.
  • Adelantando lo que vendrá después, explicándoselo o mostrando imágenes o fotos.
  • Anticipando y explicando qué haremos y qué veremos.
  • Anticipando cómo nos lo pasaremos.

En el día a día hay acciones de transición o rituales que ayudan a los niños a:

  • Despedirse de los padres.
  • Despedirse de la persona cuidadora.
  • Ir a la guardería.
  • Conciliar el sueño.

Son acciones o rituales que de manera natural se instauran para llevar a cabo estas transiciones. Cada familia y cada persona establece sus propias acciones o rituales. No hay una única manera de realizarlas. Por ejemplo:

  • Nombrar a las personas o figuras importantes para ir a dormir o de conciliar el sueño, leyendo un cuento favorito, escuchando una canción preferida y cargada emocionalmente.
  • Hacer un trayecto determinado, cada día, nombrando los diferentes pasos o acontecimientos que nos encontramos a lo largo del recorrido ayuda en el proceso de anticipación de la llegada a la guardería o a casa de la abuela, y de lo que supone la separación respecto a los padres o la persona cuidadora.

Todas estas acciones cumplen la función de anticipar una nueva actividad y la persona con la que se realiza y, a la vez, de despedirse de la actividad anterior y de la persona con la que ha estado.

Con estas consideraciones ayudarás a tu hijo… y ¡a ti también!

Cuidadores múltiples

Tu bebé necesita la interacción con los demás para así desarrollar sus capacidades interactivas básicas. Los expertos recomiendan que durante los primeros años, los cuidadores con los que interactúa el niño sean más o menos los mismos y no sean muchos. En la interacción durante el primer año, el bebé desarrolla toda una serie de estrategias interactivas básicas esenciales. Estas evolucionan a partir del hecho de que el niño y el adulto cuidador llevan a cabo una serie de ajustes, interpretaciones y anticipaciones de la interacción, siempre y cuando sea organizada y suponga una base segura para el niño.

Por tanto, puedes ayudarle a construir el «mapa mental» de su día a día de diferentes maneras:

  • Manteniendo las rutinas estables, aunque dentro de una cierta flexibilidad.
  • Utilizando indicios que generen o activen su anticipación:
    • Antes de alimentarlo se lo podéis anticipar diciéndole y enseñándole los utensilios que habitualmente utilizáis.
    • Antes de ponerlo a dormir podéis explicarle y enseñar el pijama o ponerle la canción que utilizáis para ir a dormir.
    • Antes de bañarlo le podéis decir y enseñarle los utensilios que utilizáis habitualmente.
    • Antes de cambiarle el pañal, etc.
    • Antes del paseo habitual le podéis enseñar el cochecito y, desde la distancia, mostrarle el abrigo o la bolsa de paseo.
    • Antes de la llegada de un familiar o un cuidador habitual podéis comenzar a hablarle sobre él para que el bebé comience a pensar en esta persona, activando su capacidad representativa.

Asimismo, podéis confeccionar una especie de calendario con una foto o una imagen de las principales actividades y personas que las llevan a cabo para que resulte más visual y active su capacidad de representación mental.

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