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ABC21 – Fundació Catalana Síndrome de Down

Tiroides

El tiroides es una glándula situada en la cara anterior del cuello, por debajo de la mandíbula y por encima de las clavículas, cuya función es fabricar y secretar unas sustancias llamadas hormonas tiroideas, en concreto la tiroxina y la triyodotironina (Fig. 2.38) Las enfermedades que puede producir son el exceso de producción de hormonas tiroideas (hipertiroidismo), la disminución de producción de hormonas tiroideas (hipotiroidismo), y el aumento de tamaño de la glándula, denominado bocio.

Características generales

El hipotiroidismo es la enfermedad consistente en una disminución de hormonas tiroideas por parte del tiroides. Sus síntomas incluyen, entre otros, el aumento de peso, la sequedad de piel, la somnolencia, el estreñimiento, el cansancio y la disminución de la frecuencia de los latidos del corazón. El hipotiroidismo subclínico es una fase inicial y muy leve del hipotiroidismo, en que se produce una mínima disminución de hormonas tiroideas por parte del tiroides. Habitualmente no produce síntomas ni en general requiere tratamiento.  Se detecta mediante análisis de sangre. El bocio consiste en un aumento de tamaño de la glándula tiroides. Se detecta por la palpación del cuello. En algunas ocasiones se utiliza una prueba de imagen para estudiarlo llamada ecografía tiroidea. Es una prueba absolutamente inócua que consiste en pasar un pequeño aparato sobre la piel del cuello para así obtener imágenes de la glándula tiroidea (ver Ecografía).

El hipertiroidismo es la enfermedad debida a la  producción de un exceso de hormonas tiroideas por parte del tiroides. Sus síntomas incluyen, entre otros, la pérdida de peso, sudoración, nerviosismo, aumento de las deposiciones, cansancio y un aumento de la frecuencia de los latidos del corazón

Síndrome de Down

En los niños con síndrome de Down las enfermedades del tiroides son relativamente frecuentes. El trastorno más frecuente es el hipotiroidismo, consistente en la disminución de la producción de hormonas tiroideas. Así, hasta un 30 % de niños con síndrome de Down puede tener alteraciones en el funcionamiento del tiroides. Lo más habitual es que esta alteración sea tan leve e inicial que no “de la cara”, ni produzca síntomas. Se detecta en una fase previa a que produzca síntomas mediante análisis de sangre, que incluye los parámetros que miden las hormonas tiroideas. En concreto, en los análisis de sangre se miden tres parámetros que expresan la función del tiroides. Estos tres parámetros, conocidos como las tres T, son la TSH, la T4 y la T3. La TSH es una hormona que corresponde a las siglas en inglés de Hormona Estimulante del Tiroides (“Thyroid Stimulating Hormone”). Es una especie de “termostato” del funcionamiento de la glándula tiroidea, que está aumentada cuando la glándula tiroidea funciona menos de lo normal (lo que se llama hipotiroidismo) y por el contrario, está disminuida cuando la glándula tiroidea funciona en exceso (lo que se llama hipertiroidismo). Al actuar como “termostato” del tiroides, una cifra más alta de lo normal de TSH nos indica un déficit de función del tiroides (llamado hipotiroidismo), mientras que una cifra por debajo de lo normal nos indica un exceso de función del tiroides (llamado hipertiroidismo). Si la cifra de TSH es normal, nos indica que el tiroides funciona adecuadamente por lo que, en general, ya no es preciso medir el resto de hormonas del tiroides, T4 y T3.

La T4 o tiroxina y la T3 o triyodotironina son hormonas que se sintetizan y segregan juntas en la glándula tiroides. Su función es regular múltiples partes del organismo como el ritmo del corazón, el intestinal, el apetito, la hidratación de la piel o el peso corporal. Sus niveles se pueden medir mediante un análisis de sangre convencional.

Signos de alerta

Los signos y síntomas que pueden producir las enfermedades del tiroides más frecuentes en los niños con síndrome de Down serán las derivadas del hipotiroidismo, el menor funcionamiento del tiroides. No obstante, en este caso, los posibles signos de alerta no  sirven para detectar la enfermedad, debido a dos circunstancias. La primera circunstancia es que si se programan adecuadamente análisis de sangre que incluyan las hormonas tiroideas, se pueden detectar estas alteraciones mucho antes de que aparezcan los síntomas. Esto es así porque los cambios en los valores de las hormonas tiroideas en los análisis de sangre preceden a los síntomas en meses o incluso años. En concreto la alteración más precoz, en ausencia de síntomas, suele ser una elevación de la hormona TSH que, como se ha comentado antes, actúa a modo de termostato, elevándose antes de que disminuyan las hormonas tiroideas.  La segunda circunstancia es que los signos de alerta en el hipotiroidismo tienen escaso valor porque muchos de estos síntomas son muy comunes en los niños con síndrome de Down, aunque su tiroides funcione correctamente. Así, los niños con síndrome de Down  tienen con frecuencia la piel seca, áspera o fria, un enlentecimiento del ritmo intestinal con estreñimiento, un aumento del tamaño de la lengua o macroglosia y una tendencia al aumento de peso, entre otros síntomas. Todos estos síntomas son los que sufren las personas con hipotiroidismo, pero en los niños con síndrome de Down  no  ayudan a diferenciar los que tienen un tiroides normal de los que tienen un hipotiroidismo.

Por el contrario, los síntomas del hipertiroidismo, o exceso de producción de hormonas tiroideas, no son frecuentes en los niños con síndrome de Down y, de presentarse, deben hacer sospechar esta enfermedad. Los síntomas de sospecha son una pérdida de peso no explicada, incluso sin que haya una disminución del apetito ni de la ingesta, un aumento de las deposiciones, incluso diarrea, una mayor sudoración, intolerancia al calor, nerviosismo, irritabilidad, insomnio, fatiga, temblor y palpitaciones o aumento de la frecuencia del ritmo del corazón.

Orientaciones preventivo-terapéuticas

Actualmente no existen normas que  ayuden a evitar la aparición de enfermedades del tiroides en los niños con Síndrome de Down

No existen normas alimentarias, de estilo de vida, de actividad física o complejos vitamínicos que eviten la aparición de enfermedades del tiroides en estos niños. La utilización de sal iodada en la condimentación de las comidas se recomienda para toda la población general, y los niños con síndrome de Down no son una excepción.

La medida preventiva más importante, de eficacia demostrada, es realizar un análisis de sangre que incluya las pruebas de función tiroidea de forma periódica. Esto permite detectar adecuadamente y de forma precoz las alteraciones del funcionamiento del tiroides antes de que aparezcan síntomas o alteraciones leves. Es lo que en la terminología médica se denomina hipotiroidismo subclínico. La frecuencia recomendada de estos análisis es como mínimo bienal. El programa de salud del Centro Médico Down lo recomienda de forma annual o bianual, dependiendo de la edad (ver Programa de Salud, en la Adenda). En todo caso, ante cualquier duda acerca de la aparición de algun síntoma de los anteriormente descritos, es prudente realizar un análisis de sangre que incluya las pruebas de funcionamiento del tiroides.

En cuanto a las orientaciones terapéuticas, el medicamento utilizado en el hipotiroidismo, cuando el cuerpo segrega una cantidad insuficiente de hormona tiroidea, es la levotiroxina sódica. Suplementa o sustituye el déficit de producción de hormonas tiroideas. Es exactamente la misma sustancia que fabrica el cuerpo, por lo que el niño no está recibiendo como medicamento una sustancia extraña al cuerpo, sino exactamente la misma sustancia que fabrica normalmente su tiroides, pero como suplemento a la cantidad propia que resulta insuficiente. Se administra por vía oral, por la mañana en ayunas, y existen preparados con distintas cantidades de la hormona. En España existen tres preparados comerciales de levotiroxina llamados Eutiroxâ, (en comprimidos de 25, 50, 75, 100, 125, 150, 175 y 200 microgramos), Levothroidâ (en comprimidos de 50 y 100 microgramos) y Dexnonâ (en comprimidos de 100 microgramos). Su dosis se debe adecuar a cada persona con hipotiroidismo, en función de la respuesta clínica y resultado de los análisis de sangre. En general, el tratamiento se empieza con una dosis muy baja y se va aumentando progresivamente hasta conseguir que las pruebas de análisis de sangre se normalicen.

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