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ABC21 – Fundació Catalana Síndrome de Down

Tics

Los tics son vocalizaciones o movimientos involuntarios, repetitivos, bruscos, inoportunos, no intencionales y absurdos.

Características generales

Los tics son movimientos involuntarios anormales, más frecuentes en el niño y tres veces más frecuentes en el hombre que en la mujer.

La palabra tic se usa para designar tanto un signo como un trastorno. El trastorno de los tics tiene una expresión muy variada, puede limitarse a tics simples transitorios (duración menor de 1 año) o puede ser tan amplia como el trastorno de Gilles de la Tourette  en el que coexisten, de forma crónica y grado variable, tics motores y vocales, asociados a signos obsesivos, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno por déficit de atención e hiperactividad y conducta asocial.

Los tics son muy variados. Se dividen en motores y vocales o fónicos. Los primeros pueden expresarse con movimientos sencillos de un músculo o de un grupo reducido de éstos (tics motores simples) tales como parpadeo, encoger los hombros, girar la cabeza hacia un lado o desviar los ojos hacia arriba. También pueden expresarse como movimientos en los que participan varios grupos de músculos como por ejemplo extender un brazo al tiempo que se tuerce la cabeza hacia un lado (tic motor complejo).

Los tics vocales también se pueden clasificar en simples (carraspeo o tos) y complejos Estos últimos se caracterizan por el uso del lenguaje hablado y pueden consistir en repetir la última sílaba del interlocutor (ecolalia), o emitir palabras obscenas (coprolalia), entre otros. Los tics ocurren en general en brotes a lo largo del día. En el niño suelen ser más frecuentes en casa, a la vuelta del colegio; varían de intensidad y frecuencia por temporadas de 3-4 meses de duración.

Hasta el momento no se conoce el mecanismo por el que se producen los tics. Se cree que tiene una base genética pero también actúan factores biológicos, ambientales y  emocionales.

Síndrome de Down

Existe muy poca información en relación a los tics en los niños con síndrome de Down , pero la práctica muestra que son relativamente frecuentes. En general presentan las mismas características que la población general. La mayoría comienza a presentar tics antes de los 15 años de edad. La intensidad, frecuencia y tipo de tic se expresan con una gran variabilidad y el manejo debe ser individualizado, teniendo en cuenta las características neuroconductuales propias del síndrome de Down . Los niños con síndrome de Down  que además presentan el trastorno de Gilles de la Tourette tienen un nivel cognitivo inferior al descrito en la población general con síndrome de Down  y además suelen tener dificultades en la interacción social y rasgos autistas en algunos casos.

Signos de alerta: Existen situaciones especiales en las que se incrementan o disminuyen los tics. Es importante recordar que los tics evolucionan en forma de brotes y alternando malas y buenas temporadas. Es posible que en ocasiones los brotes sean muy intensos y repercutan desfavorablemente en el desarrollo del niño. Por esto es preciso saber de qué modo los tics interfieren en el mundo emocional, familiar, social y escolar del niño.

En los casos de “descompensación” se recomienda consultar al médico especialista para valorar la necesidad de instaurar un tratamiento medicamentoso o psicológico. Es fundamental evitar errores conceptuales al considerar un tic como un trastorno únicamente del movimiento y despreciar los factores ambientales y psicológicos necesarios para su manejo y tratamiento.

Orientaciones preventivo-terapéuticas

Los niños y  sus padres deben ser informados con un lenguaje comprensible acerca de las características generales del proceso, la naturaleza benigna del mismo y la importancia del manejo de los elementos ambientales en la escuela y la familia.

Los padres, preocupados por la repercusión social de los tics, a menudo presionan para que se instaure un tratamiento medicamentoso. Por lo general el tic simple agudo no requiere, por ser leve y transitorio, un tratamiento farmacológico. En los niños con tics complejos y trastorno de Gilles de la Tourette se han utilizado diversos fármacos pero con resultados difíciles de valorar.

Actualmente no se dispone de medicamentos “anti-tics”. Ninguno de los empleados en la actualidad es totalmente efectivo. En una fase aguda la mayoría de los fármacos requiere un tiempo prolongado para actuar, además de no estar exentos de efectos secundarios importantes. Entre los más utilizados se incluyen el haloperidol, la pimozida, la clonidina y la risperidona.

Es importante no insistir al paciente que inhiba sus tics pues esto acentuará su tensión nerviosa y como consecuencia los incrementará. Los elementos ambientales externos que pueden empeorar los síntomas deben ser identificados y modificados lo antes posible; la familia y la escuela juegan un papel muy importante en esta función.

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