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ABC21 – Fundació Catalana Síndrome de Down

Laxitud ligamentosa

Una laxitud excesiva de los ligamentos comporta una disminución en la capacidad de contención de las estructuras articulares por alteración del ligamento, que no es más que una membrana o fascículo de tejido fibroso denso que se inserta entre los huesos con la misión de unir las articulaciones.

Características generales

La alteración del tejido  de los ligamentos, que habitualmente son muy resistentes y carecen casi totalmente de tejido elástico, hace que estas formaciones anatómicas sean más elásticas de lo normal pero más frágiles. Esto condiciona una movilidad de las articulaciones superior a la habitual, es decir una laxitud articular que en muchas ocasiones puede encontrarse en personas sanas y normales, variables según las etnias, más frecuente en el sexo femenino y en los niños y va decreciendo ya en la adolescencia y en la edad adulta. Son frecuentes las hipermovilidades adquiridas en personas que se ejercitan en ejercicios de ballet, gimnasia y acrobacia. Cuando una laxitud articular muy aumentada se asocia a otros síntomas constituye los llamados síndromes de hiperlaxitud articular o hipermovilidad articular. Esta alteración ligamentosa se da frecuentemente en  síndromes en los que existen anomalías de carácter hereditario en las fibras colágenas, provocadas por mutaciones genéticas, como son los síndromes de Ehlers-Danlos, de Down,  de Marfan y en la osteogénesis imperfecta, entre otros.

La valoración de esta hiperlaxitud la detecta el traumatólogo con maniobras o pruebas diagnósticas bien establecidas.

Síndrome de Down

La hiperlaxitud ligamentosa en el síndrome de Down es ampliamente reconocida y,  asociada a la hipotonía muscular, provoca la mayor parte de las inestabilidades articulares que se describen en este síndrome y que deben diferenciarse de lo que es una luxación articular congénita o adquirida. La inestabilidad puede provocar a la larga una luxación pasando por fases intermedias de subluxación.

La inestabilidad atlantoaxoidea puede ocasionar graves consecuencias, ya que puede originar lesiones neurológicas por la compresión de la médula espinal en una subluxacion del atlas sobre el axis (ver Columna vertebral).

La inestabilidad o subluxación de la cadera es una entidad completamente diferente de la luxación congénita de la misma (ver Luxaciones). Esta inestabilidad no va a impedir la deambulación pero si va a provocar inquietud en los padres, porque el propio niño, en ocasiones, consigue hacer saltar su articulación con contracciones musculares. Las características de la pelvis de los niños Down, con amplitud de las alas del hueso ileon y un techo del acetábulo más horizontal, disminuyen la facilidad de luxación, pero es frecuente en ellos desviaciones hacia dentro de las extremidades inferiores (coxa valga,  anteversión femoral).

La inestabilidades de la rodilla (ver Luxaciones) en las que la rótula se desplaza sobre el fémur son también frecuentes, llegando a la luxación completa de la rótula. Estas rótulas hipermóviles conllevan  dolores ocasionales a la deambulación y derrames articulares. La luxación cronificada acarreará una marcha en flexión de la extremidad inferior por pérdida del papel del aparato extensor de las extremidades inferiores.

Muy frecuente es la aparición de pies planos por distensión del correspondiente ligamento, con verticalización del  hueso astrágalo y que puede alterar el inicio de la marcha y la deambulación correcta. (ver Pies)

Signos de alerta

En la inestabilidad atlo-axoidea debe valorarse la posible aparición de sintomatología neurológica, como incontinencia urinaria , debilidad muscular, trastornos de la marcha, la exageración de los reflejos tendinosos, pudiendo evitar con ello la aparición de secuelas invalidantes.

Se valorará si  los niños  presentan caídas frecuentes, si su resistencia disminuye o prefieren permanecer sentados (sedestación). También será importante valorar el dolor en la nuca, la disminución del movimiento de la columna cervical o episodios de tortícolis.

En la inestabilidad de la cadera o ante la posibilidad de la aparición de una necrosis de la epífisis superior del fémur (enfermedad de Perthes), deberá tenerse en cuenta cualquier tipo de marcha claudicante que presente el niño aunque no se queje.

Las alteraciones por inestabilidad de la rodilla y  las alteraciones de los pies podrán dar sintomatología tal como esguinces de repetición,  caídas frecuentes y trastornos de la marcha.

Orientaciones preventivo-terapéuticas

Pueden sintetizarse en los siguientes puntos :

Valoración periódica del pediatra, neurólogo y cirujano ortopédico.

Control de la aparición de sintomatología neurológica. Tratamiento conservador con fisioterapia. Se desaconsejan las prácticas deportivas que conllevan colisión o movilidad excesiva de las vértebras cervicales.

En caso de inestabilidad-luxación declarada con sintomatología neurológica, se deberá indicar una estabilización quirúrgica.

Ante la posibilidad de una lesión en la articulación coxofemoral y una luxación recidivante e invalidante de dicha articulación, deberá recurrirse a la intervención quirúrgica.

En la rodilla inestable por subluxación fémoro-patelar se ha demostrado que las ortesis (dispositivos ortopédicos) son bastante ineficaces, por lo que se aconseja un centraje rotuliano e intervención  precoz.

En los pies planos, que de por si no van a alterar el inicio de la marcha, y siempre y cuando sean muy acusados, la ortesis plantar, bien realizada, puede ayudar a mejorar la marcha, evitando siempre el calzado ortopédico rígido que empeorará la deambulación. En adultos con gran deformidad puede aconsejarse la artrodesis correctiva.

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