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ABC21 – Fundació Catalana Síndrome de Down

Juego

Jugar es hacer algo con alegría con el fin de entretenerse o divertirse

Características generales

El juego es una actividad placentera y necesaria para el desarrollo cognitivo  y afectivo del niño. Jugar favorece la maduración y el pensamiento creativo. A través del juego el niño adquiere conocimientos y desarrolla habilidades.

Los juegos que realizan los niños dependen de su nivel de desarrollo intelectual. Durante los dos primeros años, el juego  se denomina pre-simbólico y consiste en repetir y variar ciertos movimientos mediante los cuales el niño obtiene placer. Se trata de un juego funcional o motor porque se basa en el descubrimiento y dominio de las capacidades motoras. A partir de los dos  años aparece el juego simbólico, mediante el cual el niño  desarrolla la capacidad de simbolizar y puede organizar representaciones mentales que serán de gran utilidad para elaborar situaciones concretas de su vida. Mediante el juego simbólico, el niño transforma la realidad para satisfacer sus necesidades, simula acontecimientos imaginarios y representa roles personales y profesionales que tienen como referencia el mundo adulto. Este tipo de juego promueve la socialización.

A medida que el niño va creciendo, el juego se va haciendo cada vez más complejo y pasa de ser individual a realizarse en grupo y a reproducir situaciones de la vida cotidiana, contribuyendo a la comprensión, asimilación y desenvolvimiento. de los aprendizajes futuros. Mediante los juguetes, el niño aprende la noción del espacio, las texturas y las relaciones que existen entre ellos. El juego es para el niño una manera de manejar los sentimientos que experimenta. El niño se enfada con un juguete en vez de hacerlo con una persona. Esta es una de las funciones más importantes del juego.

Síndrome de Down

El síndrome de Down cursa con un retraso mental de grado ligero o medio y  este retraso afecta a las capacidades intelectuales y a la simbolización. Su desarrollo tampoco transcurre de manera armónica y todos estos factores influyen también en el juego. En la población sin discapacidad el lenguaje aparece antes que el juego simbólico; sin embargo, en los niños con síndrome de Down suele ocurrir al revés, realizan un juego simbólico antes de que aparezcan las primeras palabras. Al desarrollar más tarde el lenguaje, el niño actúa en lugar de poner palabras y, cuando juega con otros niños, puede haber dificultades de entendimiento entre ellos por este motivo.

En los niños con síndrome de Down los esquemas de acción, en el juego, son rígidos y repetitivos. Tienen menos flexibilidad para integrar esquemas nuevos y una mayor dificultad para mantener el tema, el centro de interés. Estos factores influyen en el juego en grupo con los compañeros de clase.

Asimismo, la introducción de juego simbólico es más lenta que en la población general.  El niño con síndrome de Down tiene un juego más pobre y la etapa de juego pre-simbólico se puede alargar mucho tiempo; sin embargo, es muy importante que juegue, ya que, a través del juego, desarrolla capacidades, aprende y elabora situaciones conflictivas para él de la misma manera que ocurre con el resto de los niños.

Signos de alerta

La ausencia de juego siempre es una señal de alarma. Todo niño juega, desde bebé, con su sonajero, hasta cualquier edad. Si un niño no juega, si manipula los juguetes sin crear nada con ellos, si realiza estereotipias o movimientos repetitivos, si utiliza el juguete con una finalidad diferente de la que tiene, podría tratarse de un trastorno del desarrollo que hay que diagnosticar.

Orientaciones preventivo-terapéuticas

El juego es una actividad básica para el desarrollo del niño. En niños con discapacidad, a veces se cae en el error de proporcionarles demasiados juegos “educativos” con el fin de acelerar sus aprendizajes. Sin embargo, el niño con síndrome de Down necesita jugar como el resto de los niños y los juguetes le sirven, como al resto de los niños, para desarrollar sus capacidades, ampliar sus conocimientos y elaborar situaciones de la vida cotidiana. Por eso, es aconsejable promover el juego simbólico, proporcionar juguetes sencillos con los que el niño pueda dar apoyo a sus representaciones mentales, representar distintos roles y compartir con otros niños su actividad.

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