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ABC21 – Fundació Catalana Síndrome de Down

Hipotonía

El tono muscular  es la contracción parcial, pasiva y continua de los músculos. Ayuda a mantener la postura de forma involuntaria, no depende de la fuerza muscular sino de la capacidad de regular la contracción de los músculos de forma equilibrada. Cuando el tono muscular está disminuido se presenta lo que se conoce como hipotonía y cuando está aumentado, como hipertonía.

Características generales

El tono muscular depende de un complejo entramado de vías que interaccionan entre sí. Son varias las estructuras del sistema nervioso implicadas, la corteza cerebral, el cerebelo, la médula espinal y los nervios. El tono muscular,  junto con el esqueleto y las articulaciones, da el soporte necesario al cuerpo para controlar la postura y el movimiento.

El tono muscular es fundamental para la adquisición adecuada del desarrollo motor. Durante los primeros 2 años de vida, el niño pasa de estar boca abajo a controlar la cabeza, mantenerse sentado, ponerse de pie y caminar. Esta capacidad de desplazamiento permite la interacción con el ambiente que nos rodea, hecho indispensable en el desarrollo global del  ser humano. (ver Desarrollo psicomotor)

El desarrollo del tono muscular sigue un orden descendente de la cabeza a los pies. Primero se desarrolla el tono de los músculos del cuello y el tronco para poder sentarse y luego de las extremidades para ponerse de pie; el tiempo en el que ocurren estos cambios está sujeto a una gran variabilidad de factores genéticos y ambientales. La hipotonía es una manifestación clínica presente en una gran variedad de enfermedades o trastornos y es un claro condicionante negativo para el desarrollo motor del niño.

Síndrome de Down

La hipotonía es uno de los signos más característicos del Síndrome de Down

Todos los niños con síndrome Down presentan en menor o mayor grado una hipotonía, habitualmente asociada a una gran laxitud de las articulaciones, por lo que la mayoría de las habilidades motrices se van a adquirir con cierto retraso (ver tabla 2.2). La mayoría de los niños con síndrome de Down serán capaces de adquirir la marcha autónoma alrededor de los 2 años.

Las características antes descritas condicionan la presencia de patrones motores peculiares. La variación más frecuente es omitir el gateo y sustituirlo por rastreo, volteo o el desplazamiento sentado sobre las nalgas (“shuffling”). Es frecuente observar cambios posturales de forma anómala para pasar de la posición de acostado a sentado y viceversa, abriendo ampliamente las piernas y empujándose con los brazos hasta lograr sentarse.

A medida que el niño se hace mayor, se observa una mejoría del tono muscular, persistiendo una discreta torpeza motora. Los déficits sensoriales, las discapacidades intelectuales y enfermedades crónicas pueden repercutir de forma negativa en el desarrollo motor. El niño con algún defecto cardíaco grave presenta una mayor hipotonía, un mayor retraso en el desarrollo motor en comparación con los niños con síndrome de Down sin cardiopatía, con un desarrollo mental similar en ambos casos.

Signos de alerta

La pérdida en las habilidades motoras previamente adquiridas o un retraso mayor al esperado debe consultarse con el pediatra para conocer las posibles causas que lo condicionan. El empeoramiento agudo del grado de hipotonía puede estar asociado a cuadros infecciosos transitorios que generalmente cursan con  fiebre, como los catarros y las gastroenteritis. En los niños muy hipotónicos es importante vigilar los procesos respiratorios, ya que pueden desencadenar un cuadro de dificultad respiratoria.

Orientaciones preventivo- terapéuticas.  En los 2 primeros años de vida, es importante el trabajo conjunto del fisioterapeuta y la familia a través de actividades que potencien el desarrollo motor. Éstas deben ser generalmente lúdicas y atractivas para el niño con el objetivo de facilitar la adquisición de ciertas posturas y provocar el desarrollo de reacciones de equilibrio.

Con respecto a la atención temprana, debe seguir la secuencia del desarrollo, respetar el ritmo de cada niño y ofrecer un ambiente seguro e interactivo. En los primero años de vida, la estimulación no se centra en un área de forma exclusiva sino que se interviene de forma global en todas las áreas del desarrollo,  haciendo énfasis en las que presenten un mayor retraso. La familia y en especial los padres son los responsable del ambiente que rodea al niño, los profesionales servirán de guía y apoyo durante el proceso.

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