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ABC21 – Fundació Catalana Síndrome de Down

Defectos ópticos

Los defectos ópticos son tres: miopía, hipermetropía y astigmatismo.

La miopía es el defecto óptico por el que los rayos paralelos que inciden en el ojo, procedentes de un objeto lejano,  se enfocan en un punto situado por delante de la retina, mientras que los rayos divergentes, procedentes de un objeto más próximo, se enfocan en un punto más cercano a ella. (Fig. 2.14)

La hipermetropía, sin embargo, provoca el enfoque de esos rayos paralelos, de un objeto lejano, en un punto situado por detrás de la retina. (Fig. 2.15).

El astigmatismo es un defecto de refracción en el que los rayos de luz no llegan a formar un foco, ya que el sistema óptico no tiene la misma capacidad de enfoque en todos los meridianos. (Fig. 2.16)

Características generales

Los sujetos miopes ven desenfocados los objetos situados a cierta distancia, pero siempre existirá un punto próximo donde conseguirán enfocarlos.

Las personas que presentan hipermetropía tienen mayor dificultad en la visión de los objetos próximos.

El astigmatismo, sin embargo, produce una disminución de la agudeza visual tanto en la visión próxima como lejana. Prácticamente todas las personas presentan un cierto grado de astigmatismo, pero sólo se tiene en cuenta cuando es suficientemente marcado.

Síndrome de Down

Según diferentes autores, la incidencia de miopía en la población general oscila entre el 6% y el 11%. Aproximadamente, el 70- 73 % de los pacientes con síndrome de Down presenta algún tipo de defecto óptico que puede requerir tratamiento.

En un estudio realizado por los oftalmólogos del Centro Médico Down  sobre 760 niños con SD, en el momento de la primera visita el 45 % de ellos presentaban una visión normal, el 37 % eran hipermétropes y el 19 % eran miopes. El 49 % de todos ellos presentaban astigmatismo, asociado o no a miopía o hipermetropía.

Signos de alerta

En la mayoría de las ocasiones en las que existe un defecto óptico leve o moderado éste va a pasar desapercibido. Sólo mediante las revisiones adecuadas por el pediatra o por el oftalmólogo puede llegar a detectarse. Lo mismo ocurre cuando existe un defecto grave sólo en uno de los ojos, salvo que éste se acompañe de una desviación del mismo, pudiendo motivar la revisión oftalmológica que llevará al diagnóstico adecuado.

En los casos con un defecto grave bilateral los signos de alarma serán un gran déficit visual y un deterioro en la calidad de vida y en el desarrollo psicomotor del paciente.

Debe de tenerse en cuenta que la detección precoz de estos problemas es fundamental para evitar el desarrollo de un ojo vago.

Orientaciones preventivo-terapéuticas

En la mayoría de los casos el tratamiento consiste en la corrección óptica del defecto con gafas, según las pautas utilizadas en la población general, que consiguen un correcto enfoque de los rayos de luz en la retina (Fig. 2.12). A priori, no se considera indicada la adaptación de lentes de contacto en estos pacientes. En casos puntuales, en los que su comportamiento imposibilita la corrección óptica con gafas, puede resultar útil la cirugía refractiva con Lasik o lentes intraoculares, para así mejorar su capacidad visual y su calidad de vida.

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