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ABC21 – Fundació Catalana Síndrome de Down

Conducta: trastornos

Se entiende por trastornos de la conducta aquellos comportamientos que se apartan, tanto cualitativa como cuantitativamente, de una norma de comportamiento que se toma como referencia. Estas normas se establecen en función de criterios socio-culturales y determinan en qué límites y condiciones son aceptables.

Características generales

Dentro de los  trastornos de la conducta, destacan el trastorno disocial, el TDAH (“trastorno por déficit de atención e hiperactividad”) y  el mutismo selectivo.

a) El trastorno disocial forma parte de lo que el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV) editado por la Asociación Americana de Psiquiatría, especifica como uno de los trastornos de aparición en la infancia y Se encuentra en el subgrupo de los trastornos de la conducta perturbadora, junto con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad. El comportamiento antisocial se refiere a la trasgresión de normas que son propias de la edad del niño. Se caracteriza por la desobediencia continua, el rechazo de las normas impuestas y la presencia de actitudes de provocación y de oposición. Este comportamiento dificulta las relaciones del niño tanto  a nivel individual como en grupo, y produce desajustes en su desarrollo emocional y afectivo.

El trastorno disocial es más frecuente en chicos y presentan, en mayor medida, conductas de enfrentamiento. En las chicas se manifiesta a través de mentiras, faltas a la escuela, fugas de casa, consumo de drogas, entre otros.

b) El trastorno por déficit de atención con hiperactividad se trata de un trastorno del comportamiento caracterizado por distracción moderada o grave, períodos de atención breves, hiperactividad, inestabilidad emocional e impulsividad. Según el DSM-IV, habitualmente, los síntomas empeoran en las situaciones que exigen una atención o un esfuerzo mental sostenidos o que carecen de atractivo o novedad intrínsecos. Puede diagnosticarse a cualquier edad, pero deben existir algunos síntomas antes de los 7 años de edad. El niño con este trastorno presenta dificultades para mantener la atención, da la impresión de que no escucha, no hace caso cuando se le manda algo, se distrae, está inquieto, no atiende y presenta manifestaciones de hiperactividad o impulsividad caracterizadas por inquietud y por una importante tendencia a la acción constante que, incluso, le hace difícil el hecho de  permanecer sentado. Todo ello conlleva un deterioro en el funcionamiento social y en el rendimiento escolar.

c) El mutismo selectivo es un trastorno grave de la conducta, de origen emocional, caracterizado por un modo de hablar selectivo. Es decir, la persona, en determinados momentos habla y en otros, no lo hace. El lenguaje se presenta, se evita o se inhibe en situaciones concretas que luego se van generalizando hasta terminar en un mutismo total. El inicio del trastorno suele coincidir con  un cambio o con una situación traumática en la que el niño pierde la seguridad que tenía y se inhibe. Los motivos objetivos pueden ser un cambio de escuela o de casa, un ingreso hospitalario prolongado o cualquier otra situación que suponga un cambio importante en su vida. El mutismo, en estos casos, aparece acompañado de fobias sociales, ansiedad, negativismo, comportamiento oposicionista y

Síndrome de Down

En las personas con síndrome de Down, la prevalencia de los trastornos de conducta es mayor que la que se observa en la población general debido, probablemente, a factores estresantes como la sobre-exigencia y la frustración, a la presencia de una mayor ansiedad y de descontrol de los impulsos y a una educación más permisiva o con menos límites. Los niños pequeños con síndrome de Down pueden mostrar conductas de oposición, provocación, hiperactividad motora y dificultades de atención antes de los tres años. Las manifestaciones agresivas pueden ser impulsivas o pueden tener como objetivo el llamar la atención. El niño agresivo provoca rechazo y ese rechazo, a su vez, fomenta la persistencia de la agresividad. Se trata de una manifestación que se puede entender como un síntoma de un conflicto cuyas causas pueden ser muy diversas.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es relativamente frecuente en el síndrome de Down (entre un 8 y un 12 %).  Se desconocen las causas que lo originan aunque pueden estar implicados factores emocionales, genéticos, lesiones cerebrales, factores neuroquímicos, neurofisiológicos y  psicosociales.

El niño hiperactivo presenta problemas en la escuela debido a los conflictos que crea. La familia y los maestros se ven impotentes ante este tipo de problema, especialmente cuando el niño no está tranquilo en ningún momento y además duerme poco, impidiendo también el descanso de sus padres.

El mutismo selectivo  no es muy frecuente en el síndrome de Down pero puede presentarse. Su origen suele derivar de una situación traumática y se manifiesta por una ausencia de lenguaje oral o por una manera de hablar en un tono de voz muy bajo, apenas audible, en determinadas situaciones.

Signos de alerta

Si un niño con síndrome de Down tiene rabietas, se opone a las órdenes de los padres o de los profesores, provoca o desafía, se muestra agresivo y miente no hay que atribuirlo a la discapacidad sino pensar en un  trastorno de conducta. Con frecuencia, estos síntomas se atribuyen al síndrome y no se diagnostican ni se tratan.  Es importante realizar una consulta médica y descartar, previamente, problemas como el hipertiroidismo, la celiaquía, las apneas y el dolor crónico, entre otros, que pueden producir una sintomatología similar.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad se caracteriza por las dificultades que el niño presenta para mantener la atención, inquietud, dificultades para dormir, para centrarse, para permanecer sentado. Un 75% de estos niños presenta, además, conducta agresiva y desafiante. Los niños con síndrome de Down también pueden presentar este trastorno, sin embargo, conviene no alarmarse ni realizar con ligereza este diagnóstico. El hecho de que un niño presente dificultades de atención o no pueda estar quieto no tiene porqué implicar que lo padezca. La agitación, la ansiedad, el exceso de exigencias, la hiperexcitación, la angustia y las dificultades de los padres para contener las ansiedades del hijo o el rechazo de la escuela, pueden confundirse con  este trastorno. Los niños con SD, como consecuencia del propio síndrome, presentan alteraciones que influyen en su capacidad de atención, en la  percepción, en los procesos de aprendizaje, en el procesamiento del lenguaje y en la capacidad para entender y almacenar la información y para adaptarse al entorno. Asimismo, a nivel emocional, pueden estar sometidos a situaciones de estrés relacionadas con los aprendizajes o con sus relaciones sociales y personales y todo ello puede producir una reacción que le puede llevar a manifestar conductas de oposición o de provocación, agitación y falta de atención que pueden confundirse con trastornos de este tipo. Para realizar el diagnóstico, es importante tener en cuenta todos estos factores.

El mutismo selectivo conviene diagnosticarlo en su inicio, para poder tratarlo, ya que si se cronifica, resulta un problema de difícil solución. Si el niño o el adulto dejan de hablar o lo hacen en un tono de voz apenas perceptible en determinadas circunstancias, se debe acudir a un profesional para que realice  la valoración correspondiente.

Orientaciones preventivo-terapéuticas

La discapacidad, a veces, engloba a la persona de tal manera, que impide ver los aspectos normales y genera que se la aborde de manera diferente, desde lo patológico. Por esta causa se sobreprotege al niño, se le permiten transgresiones, se le dan normas diferentes y se le educa consintiendo cosas que si no tuviera una discapacidad se afrontarían de distinta manera. El niño con síndrome de Down necesita, para crecer de una manera armónica y adaptada, referentes de normalidad; es decir,  aprender a tolerar frustraciones, aceptar límites y adaptarse a las normas sociales. En este sentido, ante la aparición de conductas de oposición, de manifestaciones agresivas o ante la trasgresión sistemática de las normas, se aconseja consultar a un  profesional para que evalúe la situación y determine si se trata de un trastorno o de un problema puntual.

El niño hiperactivo sufre y genera sufrimiento tanto en casa como en la escuela y el adulto se ve desbordado por un comportamiento conflictivo y difícil de aceptar. En cuanto al mutismo selectivo, igual que para el resto de los trastornos de conducta que se incluyen en este apartado, ante la aparición de síntomas conviene acudir a un profesional especializado para que valore la situación y no atribuir al síndrome de Down  la sintomatología presentada.

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