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ABC21 – Fundació Catalana Síndrome de Down

Atopia (dermatitis atópica)

Se trata de una enfermedad de la piel asociada a un picor (prurito) intenso. Está producida por una interacción entre factores ambientales y genéticos. Con frecuencia está asociada a sequedad cutánea (xerosis cutánea) y también a la tendencia a desarrollar asma o rinitis alérgica. Es un motivo de consulta frecuente en dermatología que puede presentarse a cualquier edad aunque en la mayoría de las ocasiones aparece ya en la infancia.

Características generales

La dermatitis atópica es una enfermedad crónica que se presenta característicamente a brotes. Se clasifica clásicamente en tres estadíos:
a ) La dermatitis atópica del lactante suele empezar hacia los cinco meses de vida. Afecta principalmente al área central de la cara, así como a áreas de extensión de las extremidades. Las lesiones suelen ser induraciones o placas enrojecidas e inflamadas, muchas veces con erosiones, exudación y costras. El picor es un síntoma constante.
b) La dermatitis atópica infantil se inicia hacia los dos años y acaba entre los siete años y la pubertad. Las lesiones características se observan sobre todo en las flexuras de los codos y las rodillas. El intenso picor hace que los niños se rasquen produciendo erosiones, con exudación y formación de costras.
c) En los adultos, esta enfermedad es mucho menos frecuente. En este caso, las lesiones típicas de la dermatitis atópica consisten en un engrosamiento de la piel, con aumento de su reticulado normal; son consecuencia del rascado crónico y es muy frecuente que sobre ellas aparezcan excoriaciones.

Síndrome de Down

La dermatitis atópica se presenta hasta en un 50% de las personas con síndrome de Down. Se trata por tanto de una patología cutánea muy frecuente. Está asociada a xerosis (sequedad de la piel) y picor. En estos pacientes, las placas de eccema atópico tienen una gran tendencia a sobreinfectarse debido al déficit inmunitario propio del síndrome.

Signos de alerta

Típicamente, los bebés con dermatitis atópica son bebés intranquilos y llorones debido al intenso picor que sufren. La afectación de la cara produce unas características mejillas enrojecidas y su piel es seca y sensible. Una parte de los niños con dermatitis atópica desarrollarán asma o rinitis alérgica con la edad. Además, las lesiones de dermatitis atópica tienen una mayor predisposición a presentar infecciones bacterianas y víricas cutáneas. La presencia de una costra amarillenta sobre las lesiones o de múltiples úlceras de pequeño tamaño puede indicar que se ha producido una infección.

Orientaciones preventivo-terapéuticas

Es importante aclarar que la dermatitis atópica no es una alergia a ninguna sustancia determinada y que por tanto no va a resolverse por realizar “pruebas alérgicas” ni por eliminar alimentos. Deben evitarse todas las circunstancias y elementos que provocan picor, como el calor, especialmente el producido por aire caliente, la sequedad ambiental, el contacto con lana, plásticos y en algunos casos otras fibras. Si bien el exceso de agua y jabón es perjudicial, también lo es la falta de higiene. Es preferible realizar duchas que baños, cortas, con agua no excesivamente caliente y con un jabón de pH ácido. A continuación se aplicará una crema emoliente en todo el cuerpo. Las medidas para evitar irritantes incluyen cuidados para disminuir el contacto con la piel de alimentos ácidos (tomate, cítricos), cambio frecuente de pañales y aclarado cuidadoso de la ropa.
En el momento actual la base del tratamiento local son los derivados de la cortisona, concretamente los llamados corticoides “blandos” por su seguridad, que bien empleados consiguen un control satisfactorio en la mayoría de los casos. Los antihistamínicos orales, no antes de los dos años de edad, se utilizan para aliviar el prurito y los antibióticos pueden ayudar a controlar los brotes agudos, especialmente si hay sobreinfección evidente. Los derivados de la cortisona orales sólo deben usarse en casos rebeldes a los tratamientos anteriores y durante periodos cortos. Actualmente se dispone ya de cremas moduladoras de la reacción inmunitaria de la piel (tacrolimus y pimecrolimus) que suponen una alternativa terapéutica importante, especialmente para brotes.

 

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