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ABC21 – Fundació Catalana Síndrome de Down

Antibióticos

Los antibióticos son sustancias naturales (producidas por ciertos hongos o bacterias) o sintéticas (producidas en el laboratorio) que tienen la propiedad de destruir los microbios o impedir su multiplicación y desarrollo.

Características generales

Existe un gran número y diversas clases de antibióticos, útiles y eficaces. Es muy importante su uso racional y solo bajo prescripción médica. Es esencial tener en cuenta que fiebre no es sinónimo de infección a tratar con antimicrobianos. Con frecuencia es consecuencia de una infección por virus, frente a los cuales los antibióticos carecen de eficacia. Su uso inadecuado o indiscriminado favorece la aparición de resistencias de las bacterias a los antibióticos, con dos principales efectos a evitar, la facilitación de infecciones más graves y su más difícil tratamiento. Es también imprescindible que un tratamiento indicado se realice en su totalidad; suspenderlo prematuramente basándose en mejorías aparentes o en el temor al empleo de antibióticos compromete su eficacia y puede condicionar complicaciones a corto o largo plazo.

Síndrome de Down

Aunque los niños con síndrome de Down son proclives a padecer un número de infecciones superior a la media, la mayor parte de ellas corresponden a procesos respiratorios y gastrointestinales en los que no está indicado un tratamiento antibiótico. Como para el resto de niños, sólo el pediatra puede precisar la necesidad y el tipo de la antibioticoterapia adecuada en cada caso, para lo cual se basará en criterios clínicos sugestivos de una etiología microbiana (por ej, una otitis media aguda) o en su confirmación por exámenes de laboratorio (por ej, una infección urinaria).

Signos de alerta

Cualquier cuadro clínico de naturaleza potencialmente infecciosa debe ser evaluado por el pediatra, quien valorará su gravedad, causa y tipo de tratamiento a establecer. Los antimicrobianos, usados adecuadamente, suelen tolerarse bien, sus posibles efectos indeseables son leves y muy inferiores a los que provocan las enfermedades que tratan. Se especula sobre la capacidad de algunos de ellos para provocar alergias aunque la mayoría de veces corresponden a interpretaciones erróneas. Sin embargo, su sospecha debe figurar en la historia clínica del paciente, para considerarla en caso de necesidad de readministración, sobre todo cuando se trata de antibióticos inyectables, lo cual podría provocar reacciones graves e incluso mortales. Siempre que se plantee una duda en este sentido, deberán realizarse los estudios pertinentes para confirmar o no la supuesta alergia y caracterizar su tipo, puesto que muchas de las manifestaciones alérgicas carecen de trascendencia clínica y no contraindican el uso del medicamento.

Consideraciones preventivo-terapéuticas

La práctica totalidad de las infecciones bacterianas son susceptibles a algún grupo de antibióticos. No obstante, no debe olvidarse que la medicación antimicrobiana es sólo una parte, aunque muy importante, de la lucha contra las enfermedades infecciosas, en la que intervienen las defensas naturales del organismo y que puede beneficiarse de terapéuticas complementarias apropiadas (medicación antitérmica, alimentación e hidratación adecuadas).
Algunos antimicrobianos tienen también un papel en la prevención de infecciones (algunas meningitis bacterianas, tos ferina), de sus recurrencias (infecciones urinarias) o de sus complicaciones (enfermedad reumática, post- intervenciones quirúrgicas). Sus indicaciones en este sentido son limitadas y muy concretas. No son útiles y pueden ser contraproducentes, si se administran para intentar evitar complicaciones bacterianas de enfermedades virales, creencia que alimenta a menudo la autoprescripción de antibióticos y multiplica su uso, con los graves inconvenientes citados.

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